Hace tres meses tal vez un poco mas, realmente no podemos estar seguros, un virus llegó Colombia; algo que personalmente veía muy lejano, un virus, que supuse, como había empezado en los países mas adinerados y con mejor tecnología de investigación iba a ser detenido en poco tiempo, antes de llegar a nuestro país, ¡que ingenua!
Llevo casi tres meses en cuarentena, no he salido de las paredes de mi hogar para absolutamente nada, el mayor contacto externo que he tenido, ha sido cuando recibo domicilios y procurando tener todas las medidas de seguridad posibles, y a pesar de que trabajo mas, en parte para pensar menos, hay recuerdos que llegan como flashes, de mi misma sentada una semana antes departiendo en la cafetería del Palacio de Justicia, y diciendo que el problema no era el virus, sino la deficiente atención en salud; tambien de la ultima vez que vi a algunas personas, entre esas un amigo muy querido que mostraba preocupación y decirle que tranquilo, que esto no era mas que una gripa, y que así como había pasado con el H1N1 iba a salir la vacuna y todo el "drama" pasaría rapidito.
Irónicamente, soy yo entre todos los que estaban frescos, la mas preocupada, soy yo la que lava dos veces el mercado, y mantiene en pulcritud todo, todo el tiempo, soy yo la que no quiere salir de casa, ni tomar transporte publico, ni ver a nadie, porque todos son posibles riesgos, soy yo quien ha leído sobre el virus mil veces, y ha entendido que no es una influenza, y porque se deben tener los cuidados hasta ¿el extremo?
Aun con todo esto, con la carga emocional que implica aquel café que quedó pendiente, con las ganas de volver a ver y abrazar a mis amigos, y el deseo fervoroso de que todo regrese a la normalidad, he visto como desde el privilegio todo parece mas fácil y he sido consciente de ello.
Antes no consideraba ser privilegiada porque tenia una vida normal, de una persona clase media normal, sin embargo, ahora he podido ver como gracias a Dios hemos podido trabajar desde casa, el dinero no ha faltado, y hemos podido enfrentar a esto sin mayor dificultad que las emocionales, y si en este momento eso es un privilegio.
He tenido que ver como existen personas que salen sin necesidad, y he tenido que ver personas que salen por que de verdad les toca, he apreciado mucho mas el trabajo de las personas del aseo, celadores, domiciliarios, vendedores, cajeros, enfermeras, médicos y otros tantos, muchos de ellos que a diario se ven menospreciados.
La pandemia fue como una cachetada de realidad, que nos demostró lo verdaderamente imprescindible, un fuerte sacudón que nos ubicó en tiempo y espacio, que nos enseño como el trabajo no sirve sin salud, y como preferimos dejarlo antes de arriesgarnos; todos tenemos una salida pendiente, un abrazo pospuesto y ganas de ver a alguien, muchos de nosotros estamos en una pausa indefinida, y eso es privilegio, porque están aquellos que no pudieron pausar, aquellos que sin tener para un tapabocas les toco salir a rebuscar, aquellos que han tenido que pasar hambre, son quienes mas han sufrido las consecuencias de esta crisis mundial... los demás a pesar de todo, podemos seguir viendo la vie en rosa.
Elisa.
Comentarios
Publicar un comentario