En repetidas
ocasiones me he encontrado con una frase de Louise Madeira que es por mucho mi
favorita: "Adoro la ambivalencia poética
de una cicatriz, que tiene dos mensajes: Aquí dolió, Aquí sanó".
Es
de mis frases favoritas porque sin romantizar de forma alguna el sufrimiento,
nos habla de la capacidad de curación que tiene el ser humano. las heridas
tanto físicas como emocionales, conllevan un cuidado, atención,
entendimiento, aceptación y finalmente se logra su sanación.
Son
esas heridas, esos malos momentos, esas cicatrices mismas, las que nos
recuerdan en los días difíciles que siempre hemos podido, que ya
antes hemos superado diversas pruebas y hemos salido victoriosos, unas mas
difíciles, otras mas largas, pero siempre hemos logrado vencer las
dificultades, son esas heridas de batallas, los recuerdos de esos momentos que
pensamos serian eternos, que pensamos no sobrevivir y que si sobrevivimos, las
que nos impulsan, nos dan fortaleza, y nos ahuyentan de la autocompasion y el
fracaso.
Aunque
las cicatrices nos forjan el carácter, y nos ayudan a crecer como persona,
terminamos por ocultarlas, por negarlas, por guardarlas en el cajón mas
oculto de la mente, porque no queremos evocar el dolor que nos produjeron hasta
cuando algo nos produce uno nuevo y necesitamos recordar que tenemos esa fuerza
que nos posibilita a enfrentar lo que nos rodea y a enfrentarnos a nosotros
mismos.
Las
cicatrices no son nuestras enemigas, y ese es uno de los pilares de los
procesos del duelo, algo o alguien nos hirió, pero depende de nosotros
convertir ese sufrimiento en aprendizaje y avanzar.
Elisa.

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